Seguridad Operacional y Sostenibilidad: El Nuevo Reto Estratégico del Sector Energía en el Perú
Por Roger Liy, Ex Operation Manager en SOLGAS
En un país con grandes desafíos estructurales como el Perú, la industria energética juega un rol decisivo no solo en el crecimiento económico, sino también en la garantía de condiciones mínimas de seguridad, sostenibilidad y desarrollo social. Sin embargo, en los últimos años, el sector ha enfrentado una creciente presión para alinear sus operaciones no solo con metas de rentabilidad, sino con estándares cada vez más exigentes de seguridad operacional y sostenibilidad ambiental.
La experiencia nos demuestra que la seguridad operacional no puede seguir siendo tratada como un componente técnico aislado. Debe integrarse en la estrategia organizacional como un pilar de la cultura corporativa. He sido testigo de cómo, cuando las decisiones de seguridad se toman desde el directorio y no solo desde la supervisión, los indicadores mejoran, los incidentes disminuyen, y la moral del equipo se eleva. La seguridad no es un costo, es una inversión en reputación, continuidad operativa y talento humano.
En el contexto peruano actual, marcado por la transición energética, la creciente exigencia social y la vigilancia ambiental, el sector tiene una oportunidad —y una responsabilidad— de actuar con mayor transparencia, rigor técnico y visión de largo plazo. Ya no se trata solo de cumplir normas, sino de liderar estándares.
Además, la sostenibilidad no puede estar desligada de la eficiencia operativa. Las empresas que entienden esto están invirtiendo en tecnologías limpias, trazabilidad de emisiones, reducción de residuos industriales y formación continua del personal. En cada operación logística, en cada proceso de refinamiento o transporte de GLP, hay una posibilidad concreta de reducir el impacto ambiental. El desafío no es tecnológico, es de liderazgo.
Otro punto crítico es la articulación entre actores del ecosistema energético. Las brechas de confianza entre empresas, comunidades y el Estado no se solucionan con comunicados, sino con prácticas sostenidas de cumplimiento, monitoreo participativo y desarrollo local. En ese sentido, el nuevo modelo de gestión energética debe incorporar no solo KPIs técnicos, sino también indicadores sociales y ambientales, con auditorías externas y mecanismos de rendición de cuentas.
Hoy más que nunca, el liderazgo operativo requiere una visión integral. Un gerente de operaciones o logística no solo debe entender las métricas de rendimiento, sino también el lenguaje del riesgo, del entorno y de la comunidad. La formación técnica ya no basta; se necesita gestión estratégica, empatía social y conciencia ambiental.
Desde mi experiencia en empresas del sector hidrocarburos, así como en espacios académicos, puedo afirmar que el verdadero cambio no nace de la presión externa, sino de la convicción interna de que operar con seguridad y sostenibilidad es la única forma viable de hacer empresa hoy.
El Perú tiene todo para ser un referente en gestión energética sostenible: talento, recursos, ubicación estratégica y experiencia. Lo que falta es una decisión transversal —desde el sector público, privado y académico— para profesionalizar el enfoque, formar mejores líderes técnicos y generar un modelo operativo alineado con el futuro.